Una vida dedicada a las carreras de resistencia
Dick Barbour dejó un legado imborrable en el mundo de las carreras de autos deportivos, tanto como piloto como propietario de equipo. Durante su extensa carrera en la competición internacional, se consolidó como una figura clave en el desarrollo del automovilismo de resistencia norteamericano, participando en las pruebas más exigentes del planeta.
Lo que lo hizo verdaderamente memorable fue su visión audaz de llevar al cine Paul Newman a competir en las 24 Horas de Le Mans en 1979. En una hazaña que parecería sacada de un guión de Hollywood, el actor y el equipo Barbour estuvieron a punto de lograr lo impensable: ganar la carrera más prestigiosa del mundo en un Porsche 935 compartido con el piloto suizo Rolf Stommelen.
Su contribución al motorsport trasciende esa participación memorable. Barbour fue un innovador que comprendió la importancia de combinar talento, tecnología y determinación para alcanzar objetivos extraordinarios en las pistas más desafiantes.
El legado de Dick Barbour permanecerá en la historia de las carreras internacionales como ejemplo de emprendimiento, pasión y la capacidad de soñar en grande dentro del automovilismo competitivo de élite.



